
Carruajes mecánicos transportan a centenares de individuos día a día, estos siempre siguen la rutinaria monotonía, todos insignificantes ante aquellas grandes maquinas. Han comenzado a ver la luz, hasta el momento en su refugio temporal, no temen, tantos que muchos ni conocen a sus pares: pero nunca intranquilos, sobretodo por sus ojos sedientos de dar cierta cercanía a tan solitaria situación.